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La tartamudez y los problemas del habla

¿Qué problemas del habla pueden tener los niños?

Los niños que tartamudean saben qué quieren decir, pero las palabras no les salen con soltura ni fluidez. Pueden repetir una palabra o un sonido o dejar de decir partes de algunas palabras.

Algunos niños pueden tener problemas con ciertos sonidos. Por ejemplo, hay niños que tienen sigmatismo, un problema en la pronunciación. Pronuncian un sonido parecido al de la letra Z, cuando quieren pronunciar algunos sonidos de las letras S o C. Hay otros niños que tienen problemas para pronunciar las palabras que contienen erres.

Pero, independientemente de cuál sea el problema que tengan en el habla, todos ellos pueden recibir ayuda.

¿Qué son la tartamudez y los problemas del habla?

En calidad de seres humanos, tenemos la facultad especial de compartir nuestros pensamientos a través del habla. Empezamos creando pensamientos en nuestros cerebros. En el cerebro, ese pensamiento lo podemos expresar siguiendo un código que hemos aprendido, llamado "lenguaje". Una vez el pensamiento se ha codificado en lenguaje, el cerebro envía un mensaje a los músculos que controlan el habla, indicándoles que se muevan y que emitan los sonidos adecuados. Entonces, los músculos de la boca, la cara, el cuello, la lengua y la garganta se mueven para formar palabras.

Pero hay ocasiones en que este proceso no funciona perfectamente. Puede haber una interrupción del flujo del habla. Esta interrupción se conoce como disfluencia.

De vez en cuando, todos tenemos algún problema al emitir o pronunciar palabras. Es normal atascarse en una o dos palabras de vez en cuando. De todos modos, la disfluencia se convierte en un problema cuando interfiere en el habla de cada día y es perceptible para otras personas. Una persona con un problema del habla puede pasar un mal rato cuando tiene que expresar sus ideas a través del habla. Y esto puede provocar que se sienta avergonzada y frustrada.

¿Por qué los niños tienen problemas del habla?

Los médicos y los científicos no están completamente seguros de por qué a algunos niños les cuesta tanto hablar. Pero la mayoría de los expertos cree que las dificultades del habla ocurren porque hay un problema en la forma en que los mensajes del cerebro interactúan con los músculos y las partes del cuerpo que se utilizan para hablar.

Muchos de ellos creen que la tartamudez puede tener un origen genético. Esto significa que una característica, en este caso, la disfluencia, se trasmite en las familias a través de los genes. Los niños que tartamudean tienen el triple de probabilidades de tener un pariente cercano que tartamudea o que tartamudeaba. O sea que si tú tartamudeas, es posible que tengas una abuela, un padre o un hermano que tartamudea o tartamudeaba.

¿Cómo se diagnostican los problemas del habla?

El médico que te lleva es posible que te indique que vayas a un logopeda (patólogo del habla y del lenguaje), o tus padres te pueden llevar directamente a un logopeda. A veces, un logopeda, también conocido como patólogo del habla y del lenguaje (sobre todo en Estados Unidos) te visitará en tu escuela. Este profesional te pedirá que leas en voz alta, pronuncies algunas palabras o hables sobre algo.

Tal vez también te hagan una prueba de audición con un audiólogo, un especialista en problemas auditivos. ¿Por qué necesitas que te hagan una prueba auditiva? Porque, si una persona no puede oír muy bien, puede tener problemas para oírse a sí misma y para pronunciar palabras correctamente.

¿Cómo se tratan la tartamudez y otros problemas del habla?

Después de que vayas a un logopeda, él o ella comentará contigo y con tus padres los resultados de las pruebas que te haya pasado. Es posible que esos resultados indiquen que necesitas recibir sesiones de logopedia. Son sesiones donde trabajarás el habla y la practicarás. Es posible que se trate de sesiones individuales, donde tú estarás a solas con tu terapeuta, o de sesiones grupales donde estarás con otros niños.

Es importante que pases tiempo practicando cuando estés solo. Tu terapeuta te puede mandar ejercicios para que los hagas en casa. Al practicar, tanto en las sesiones de logopedia como en casa, mejorarás tus habilidades y te ayudará a hablar mejor en el día a día. Descubrirás formas más fáciles o diferentes de emitir sonidos para hablar con más claridad.

Al principio, esas formas de generar sonidos te pueden parecer extrañas y las puedes notar raras. Pero dales tiempo. En poco tiempo y si las trabajas, percibirás mejoras y te empezarás a sentir más seguro cuando hablas. No hablarás a la perfección, pero hablarás bien. Nadie habla perfectamente el 100% de las veces.

Vivir con un problema del habla

Tener un problema del habla puede hacer que sientas tristeza o timidez. Hasta es posible que optes por no hablar mucho para que las cosas te resulten más fáciles.

Pero, al igual que con cualquier otro tipo de problema, el hecho de ignorar tu problema del habla no va a hacer que desparezca. En vez de ocultar tu tartamudez o tu sigmatismo, es mejor que estés abierto a la forma en que hablas y que sigas los pasos necesarios para mejorarla. Explícale tu situación a tus amigos y maestros.

Lamentablemente, tener un problema del habla también puede implicar tener que aprender a afrontar que la gente se meta contigo. Duele mucho que alguien se ría de ti por algo que no puedes controlar en absoluto, como la forma en que hablas.

Acude a tus padres, amigos y maestros en busca de apoyo. Si alguien se ríe de ti, limítate a decirle que tienes un problema del habla y que estás trabajando para corregirlo. Si esa persona sigue metiéndose contigo o riéndose de ti, pide ayuda a un adulto.

Ten paciencia contigo mismo. La mayoría de los niños con problemas del habla mejoran su forma de hablar, sobre todo si practican mucho.

Si no tienes un problema del habla, pero conoces a alguien que sí lo tiene, trata de ser su amigo. Sé paciente con él mientras acaba de decir lo que piensa, y no temas pedirle (con educación) que no has entendido bien lo que te acaba de decir y si no le importaría volvértelo a decir.

Fecha de revisión: junio de 2019